No es una sorpresa, no. El pensamiento mágico está presente en todas las personas, culturas y edades, sí. Y éste determina, por ejemplo, que ante algunas casualidades queramos detectar una evidencia de nuestro sino. ¡Cómo nos gusta creernos importantes y que el mundo gira tomando nuestro ombligo como radio! Pero no es así. Y para explicároslo mejor, tiro de un escritor. Como dijera Bunbury “antes que nosotros lo dijeron otros mejor”.

“- Y así ocurre con todas las casualidades- dijo mi viejo.
(…)

– Veamos un ejemplo sencillo: me pongo a pensar en un amigo y, justo en ese momento, me llama por teléfono o llama a la puerta.
Mucha gente cree que una casualidad como ésta se debe a algo “sobrenautral”. Pero, otras veces, también pienso en este amigo y él no aparece por eso en casa. Y, adeás, en muchas ocasiones me llama sin que yo haya pensado en él. You see?

Asentí.

– Lo que quiero decir es que la gente sólo colecciona aquellas ocasiones en que ambas cosas ocurren a la vez. (…) De esta forma empiezan a propagarse un sinfín de rumores sobre distintas experiencias a “sobrenaturales” cuando, en realidad, son experiencias que todos los humanos han tenido. La gente muestra tanto interés por restas cosas que enseguida surgen las historias. Pero con esto ocurre también lo que te he dicho antes: solamente son visibles los boletos ganadores. ¡Si colecciono comodines, no resultará extraño que tenga el cajón lleno!”

El misterio del solitario“, Jostein Gaarder.

Eso es: nos quedamos con lo que nos apetece. Si el recuerdo de una casualidad es positivo y me interesa mantenerlo, hablo de algo especial, incluso de una premonición o una señal. Si es negativo o no nos parece que aporte nada interesante, con desterrarlo es suficiente. Así funciona nuestra psique, nuestra mente, pero podemos intentar ser más listos que ella y empezar a regular un poco nuestras creencias absurdas basadas en simples casualidades.

Espero que todo esto os haya servido de algo. Si no es así, tampoco importa, porque lo natural es seguir dejándose llevar por los designios de los pequeños hados.

¡Ánimo!

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