¡Qué mala cabeza tengo! ¡Qué mala, de verdad! Pero eso ya no es un problema. Si se me olvida que hace unos días buscaba información sobre Fernando Fernán Gómez, el navegador de google me lo recordará (quiera yo o no) mostrándome videos, obras o películas como publicidad en alguno de los márgenes. Muy bien, esto lo hace todo más fácil, dicen ellos, los de “google”. Pero imaginemos que yo he buscado un video de una actriz en “domingas”, ¿lo “agradeceré” tanto como los dvds de “El Abuelo” si aparece a la derecha de mi navegador? ¿Y si además está mi pareja, mi madre, mi padre o mi hermana a mi lado porque quería mostrarle unas fotos de blablablablabla… Bien, avisados quedan de que esto es lo mínimo, lo menos negativo de toda la nueva política de privacidad de los servicios que ofrece la empresa Google en la red, y son muchos: gmail, android, el propio buscador… y todos ellos retendrán información nuestra y de nuestra actividad en la red, por supuesto, para facilitarnos la vida, claro.

Pero, como yo de estos temas no entiendo mucho. Como no comprendo más allá de que se van a quedar con datos confidenciales míos, que me van a molestar con más y más publicidad, que mis búsquedas quedarán grabadas en un fichero que ellos administrarán por mi bien y todo este tipo de cosas más propias de la KGB y el FBI (perdonen si fallo con las siglas), me aliaré con cómo otros explican la noticia para que realmente esto se convierta en un servicio público de ayuda. Más bien de alerta ante la situación de espionaje en la que nos vamos a ver inmersos.

Los botones de muestra…

Por cierto, y como me gusta ser tan cuidadoso con mi privacidad y con la de la gente de mi alrededor, desde hoy utilizaré otros buscadores, intentaré no realizar búsquedas teniendo sesión niciada en” gmail” y me cuidaré de otros tantos asuntos que iré investigando estos próximos días. Y a todo ello uniré la recomendación a mis alumnos/as de informática de que hagan lo propio. En realidad en clase se acabó usar su buscador, señores “les-espiamos-por-su-propio-bien”.

Y un último deseo: ¡A hundir google!

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