¿Resucitar? ¿Reinventarse? ¿Cambiar para que nada cambie? No, esta última seguro que no se acerca nada a la realidad, porque el cambio es muy evidente.

Estoy hablando de la calle General Ezponda (de Cáceres), para muchos -al menos muchos de mis amigos- “la calle de los bares”. Para los despistados, se trata de esa calle que une la Plaza de la Concepción con la Plaza Mayor.

¿Y qué ha pasado? Estos últimos años de todo. Sobre todo cierres al principio, y ahora… ¡Ahora la resurrección! Tomando otro cuerpo, claro. De bar, o pub, a restaurante, bocadillería o “kebabtería”.

Hagamos primero un ejercicio de memoria histórica a medio plazo:

Hace entre unos quince y doce años esta calle seguía plagada de bares (pubs si preferís). Y escribo seguía porque llevaba así otros tantos años. Había sido una de las arterias vertebradoras de la movida cacereña tan disfrutada antes y añorada ahora. Y no estaba sola no, porque daba gusto. A lo que vamos, era -a mi entender- la calle a la que asistían especialmente los más jóvenes o quienes se encontraban en los primeros años de carrera o se movían alrededor de los veinte añitos. Destacaban por entonces el “TuyYo” y “La Furriona”, sobre todo, y de vez en cuando se le unía algún nuevo proyecto, como por ejemplo “La Tahona”. Sí, “música al uso” , juventud, ganas de comerse el mundo y poco más, pero suficiente.

Sobrepasados los límites decentes del macrobotellón cacereño (del que no me felicito tanto por llegar a convertirse en un abuso), estos locales comenzaron a dar el bajón. Mucha bebida en la calle, doble botellón y poca pasta, esto último muy común siempre entre la juventud. Kis detonantes estaban claros. Las consecuencias no se hicieron esperar: cierre de la mayoría de los pubs, o cambios de dueño infructuosos. El negocio a la ruina y la gente… en su casa, porque el botellón se prohibió aproximadamente en el 2.002.

A toda esta debacle le siguieron unos años de evidente ostracismo. Bares cerrados. Escasos restaurante que igualmente duraban poco con un mismo “proyecto”, mcuhso traspasos y alguileres y poco movimiento. La calle triste y gris a más no poder. Sólo sobrevivían “El Amador” (no es el de la canción de los Planetas, otro) y “La Furriona”, adaptándose a la fórmula “bébete una botella y..”, algo parecido a un botellón en un local de fiesta. Bueno, el conocido como TúyYo también seguía, bajo distintos nombres, pero con muy escaso éxito (también).

¿Y ahora? Ahora el milagro ha surgido, dotando de otra forma a lo ya conocido y, quizá, aborrecido. El “Ke pasta” cerró pero ha abierto un nuevo restaurante. Hay también una kebatería y una original bocadillería. Abrió la tapería del nuevo hotel de la plaza su puerta de acceso por allí mismo, y aunque dudo que mantenga una “buena salud” (beneficios), ahí sigue. Un nuevo restaurante (del que aún no conozco el nombre) esta en ciernes. Y así,  poco a poco, la vida vuelve a una calle que antes la regalaba y después la perdió.

¿Incorruptibles?”El Amador” (digamos que el único bar que ha resistido los envites del destino) y la “Frutería Solís”; creo que nada más. Sí, hay una biblioteca o fondo de… pero ese establecimiento no cuenta.

Siento no haber podido aportar más nombres propios a lso negocios extintos (¿El Roji?) y sobre todo a los nuevos, pero lo haré pronto (entre los comentarios a este artículo). ¿Por qué? Prque la vida es para los valientes y la gente que ha tomado el relevo, personas sin miedo, emprendedoras, estimo que así lo merecen.

Sí, nos quedamos sin bares, pero -al menos- que no nos falte donde comer un bocadillo, echar una cerveza o saborear un kebab ahora en mayo, que llega el WOMAD (esto también ha dado un cambio, pero… ¡esas son otras historias!).

Salud y música.

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