Iniciamos nuestro recorrido sobre este “alumbramiento” sobre la crisis económica mundial (o su versión europea) con la explicación de un personaje sobre cómo se ha salvado a las entidades bancarias mientras a los demás se nos deja que nos ahoguemos tranquilamente (el caso Bankia acaba de saltar a la palestra). Leamos:

“- Si nosotros pagamos en las pistas*, las víctimas de los bancos pagaron con la ruina. Han perdido sus casas, no pueden devolver sus préstamos. Y los que provocaron el “dopaje”, los bancos, no sólo no han pagado sino que se les premia. Han cobrado miles de millones de los estados para poder seguir funcionando (…)  Muchos aceptaron lo que dijeron los gobiernos: que los bancos son unos lobos reconvertidos en corderitos (…) Cuando me di cuenta de que yo (…) premiaba con mis impuestos a los que crearon el dopaje financiero, monté en cólera. Y decidí castigarles, ya que no los castigaban aquellos que debían hacerlo.

*Nota: se refiere a los atletas cazados por dopaje.

Disculpad tanto pequeño paréntesis pero pretendo hacer llegar este pensamiento sin dañar la trama. Para mí, queda muy claro todo, por lo que por mucho que mereciese un comentario -alagándolo- me parece innecesario. Pero hay más… ¡Seguid leyendo!

Ahora el autor habla de la solidaridad entre pueblos o cómo hacernos fuertes los débiles uniéndonos unos a otros, teniendo conciencia de nuestra debilidad y luchando contra ella “retroalimentándonos” unos a otros:

Al final fue Fanis quien me sacó de dudas.

– Cómprate un Seat Ibiza -me sugirió.

– ¿Por qué?

– Por solidaridad entre los pobres. Ahora los españoles y los portugueses tienen problemas, como nosotros. Para los mercados fiancieros somos los PIIGGS*, los cerdos. Y cada cerdo debe ayudar a los demás, no hacerles la pelota a los tiburones. Quisimos vivir como tiburones y ahora estamos ahogándonos, porque los cerdos no saben nadar. Por eso tienes que comprarte un Seat Ibiza“.

(PIIGGS: acrónimo en inglés de Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, Gran Bretaña y España).

 

En otro momento se habla de cómo afectan los recortes, subida de años cotizados y demás detalles a la policía griega. Algo que a mí siempre me llama la atención, eso de pensar ¿y esta gente, pueden protestar? ¡Se dan cuenta de que cualquier recorte por el que se protesta en la calle y ellos reprimen (manifestaciones) también se les suele aplicar a ellos? Y más y más preguntas. Veamos cómo plantea la primera de ella Adrianí, la mujer del comisario Jaristos:

– Dime una cosa, ¿¡de han vuelto locos1? -pregunta fuera de sí.

Me pilla desprevenido.

– ¿De quién hablas?

– De esos que os han cargado con cinco años laborables más. No entiendo cómo os resignáis sin hacer nada.

– ¿Qué quieres que hagamos? Somos policías. No podemos salir la mitad de nosotros a la calle a romper escaparates mientras la otra mitad se dedica a perseguirnos y detenernos.

Otra pequeña parte de la conversación la dejo para el final del artículo, pues apunta una solución que parece “extraña” pero que serviría para no sobrecargar tanto a los estados, estén en crisis o no.

 

Ahora Markaris se sirve del visionado de las noticias de carácter económico por parte de Kostas y su mujer, Adrianí, para mostranos algo que ya intuimos pero parecemos ingnorar:

Las declaraciones y los comentarios de los periodistas son el aperitivo. El plato fuerte del noticiario es la crisis económica y las interminables conversaciones con represenantes de los partidos y de los sindicatos y con varios expertos en el tema. Pero, a fuerza de repetir noche tras ncohe, el plato fuerte va convirtiéndose en rancho de cuartel“.

¿Y no es esa afirmación real? ¿No estamos hartos de escuchar siempre noticias del mismo corte, todos ellas desesperanzadoras en lo económico? ¿Y no es igual de cierto que ya se nos ha creado una costra que consigue que su impacto sea mínimo o mucho menor que hace un tiempo? Estamos hartos. Ahora sólo falta que alguien dé un o varios pasos hacia delante. En cualquier dirección.

Como prometí, ahora recupero otras palabras de la conversación entre Adrianí y Jaristos tras saber ella que él necesitará trabajar más años antes de jubilarse. Atentos a lo que puede ser parte de la solución para esta crisis:

¿Tienes tú una solución mejor?

– Sí, que reduzcan la población del país a la mitad. Quedaremos cinco millones y medio de habitantes, y los gastos se reducirán también la mitad. (…)

– Si echamos a la mitad de la población, no sólo se reducirán los gastos, sino también los ingresos, ¿no te das cuenta?

– Claro que sí. Que expulsen a los que deben los 24 mil millones en impuestos. De todas formas, el Estado no cobrará esos impuestos ni en los próximos ochenta años laborables. Que se queden sólo los idiotas que pagan impuestos. Los gastos y la corrupción se reducirán con la marcha de los evasores de impuestos, pero los ingresos no mermarán, porque los idiotas que pagan seguirán aquí“.

Yo cambiaría el que pagan por “que pagamos”, pero sí, creo que no hace falta aclarar ni explicar nada, ¿verdad? Lo único el comentario de su marido Jaristos: “¿Cuándo te licencisate en Ciencias Económicas?” y la reflexión de: si a un ama de casa podría ocurrírsele algo así, por qué a nuestros gobernantes no. ¿Por qué no se castiga con fuerza la evasión de impuestos? Tal vez porque muchos de ellos… de la frontera para allá.

 

Sin embargo, lo más taxativo de todo, lo más escueto, directo y frontal es lo leído al inicio de la novela: las palabras de Bertolt Brecht en “La ópera de los tres centavos”. Son éstas:

¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco?

¡Salud y revolución!

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