Kostas Jaristos, el protagonista de varias novelas de Petros Markaris, necesita cambiar el coche. Le convence de ello su mujer. Pero habiendo llegado a esa decisión, las dudas asaltan ahora su cabeza con otro dilema: ¿qué coche elegir? Y decide pedir consejo. Leamos las palabras del autor sobre lo que le ocurre al bueno del policía griego:

Al final me convencí de que el Mirafiori tenía ya cuarenta años (…)

Si con esa decisión se acabaron , o al menos menguaron mis tormentos psicológicos, mis suplicios como comprador no hicieron más qu empezar. No sabía qué coche comprarme. Cuando no sabes, preguntas. Y cuando preguntas acabas haciéndote un lío“.

Sí, un gran lío, porque cada consultado acaba dándote su opinión (incluso sin pedírsela o consultarle) y tanta información, buenos propósitos, ganas de ayudar y demás te nublan más de lo que te ayudan. Así es el invento y así funciona. ¿Por qué? Porque, además, la gente te ofrece su opinión, y las opiniones sólo son eso, no datos reales ni científicos, con lo que sus ganas de ayudar sólo consiguen montarte un gran “kilombo” en la cabeza.

De nuevo queda demostrado que no siempre las buenas intenciones llevan a buenos resultados. Y también parece evidente que no toda nuestra sabiduría, opiniones, gustos, elecciones… son extrapolables a otras personas, pero sí que las pueden hacer dudar o perderse aún más de lo que lo estaban antes de plantearse su duda.

Amigos y amigas, salud y trabajo.

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