Sí, hoy nos ha dado por resumir el año y esta vez no es un “nos” figurado: en todas las cadenas televisivas, las radios, periódicos… Por todos lados hay resúmenes. Éste es el mío, mucho más interesante, por supuesto (al menos para mí).
El año 12 se va y con él algunas de las experiencias acumuladas, muchas de ellas, al contrario de lo que la generalidad se empeña en autoagenciarse, positivas.
Así, la familia ha crecido. Un sobrino ha venido a llenar huecos y redecorar nuestras vidas. Más visitas a los nuevos abuelos, más ver a sus padres y mucho Aitor, que así se llama “el chiquitín”.
Pero “la familia” no sólo ha crecido por “el lado de la sangre”, también se va acumulando nueva gente a ese bloque de relaciones sociales, más o menos cercanas, y se hemos recuperado a otras personas. Todos ellos y ellas entretienen mi tiempo y me arrancan alguna sonrisa. Evidentemente también se ha dado el caso contrario, pero eso ocurrirá siempre porque ni yo tengo para todos ni todos pueden tener para mí: ley natural.
Por otro lado, la vuelta al deporte ha sido positiva. Al menos en algunos aspectos. No, no he sido olímpico ni lo seré nunca: esa guerra hace años que se dio por perdida. Sin embarbo, he disfrutado mucho de la vuelta a la competición, de aficionados sí, pero competición.
Tocando otros asuntos , y por eso de “desarrollarse en todos los aspectos poliédricos de la personalidad” (imposible), hemos dado algún pasito en lo creativo. Alguna pequeña historia o relato. Estas últimas semanas más, pues gracias a la otra novedad que especifico más abajo, he tenido que ponerme las pilas con algún encargo.
Sí, por fin, por fin se presentó el proyecto “De Niños para Niños”, de Tino y Los Niños de los Ojos Rojos. Mi participación se centró en la parte didáctica (¡cuidado!) y se extendió durante más de un año. Ha sido una labor dura a ratos, difícil y extensa, pero visto el resultado y sintiéndome dentro de un proyecto tan completo y tan especial, finalmente me ha merecido mucho la pena. Esperemos que llegue a una inmensidad de niños y niñas de muchos lugares.
Pena, penita, pena, que también existe. Lo más angustioso para mí, que así soy, el “no viajar” en verano. Entrecomillado por ser más bien mentira. Sí que he visitado zonas y ciudades, pero no tierras que me hicieran desconectar del todo. Dicho de otro modo, no he conseguido cruzar fronteras.
Más penas. Las hay. Podría hablar de dolores. Podría hablar de falta de tiempo. Podría hacerlo tocando el tema “estrés”, o el de me cago en lo que ocurre a mi alrededor, pues están machacando a mi gente. A un “mi gente” demasiado extendido, porque no hablo solamente de mi familia (el paro hace mella), de algunas amistades (mismo caso) o de los españoles (no creo en las nacionalidades a ese nivel), sino en mucha, mucha, mucha gente. No voy a tocar mucho ese plano, sólo gritar que ¡¡ya está bien de dar por el culo siempre a los mismos!!

Feliz año trece.
Que os vaya bien y que yo pueda disfrutarlo con todos vosotros.

O como diría uno de esos amigos extraños…

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