Entrada patrocinada por Petros Markaris, que se nos va haciendo famoso en “puntasconresaka” (como si no lo fuera ya) y se convertirá en habitual o algo mejor.

¿Siempre resulta positivo compartir un problema con alguien escuchándonos al otro lado? La sabiduría popular, las series televisivas y el común de los occidentales pensamos que sí, pero aquí llega nuestro comisario favorito para poner en tela de juicio esta creencia tan arraigada. Veamos el caso:

Desde anoche me atormenta un dilema: ¿debo contar a Adrianí y a katerina* que me han apartado del servicio? Por lo general, compartir un problema con alguien es como pedir un préstamo: de momento representa un alivio, pero después hay que pagar a plazos la ayuda recibida. Si confieso el trance en que me hallo, sin duda me sentiré mejor, pero Adrianí se pondrá en pie de guerra para evitar (…) y me someterá a una auténtica represión: Además existen otros argumentos adicionales a favor del silencio:” y nos habla de no querer preocupar a su hija ni crear un ambiente de tensión para recibir -en cena familiar- a la pareja de ésta.

(*Adrianí y Katerina: mujer e hija de Kostas Jaristos, policía griego protagonista de esta y otras novelas).

En este caso y a través de los ojos del comisario, parece negativo el hecho tan manido de compartir un problema o “dolor de cabeza”. Tanto supone que le va a liberar momentaneamente de esa presión que soporta su cabeza (apartado del cuerpo de policía, sin empleo ni sueldo) como vaticina que le lastrará posteriormente. Incluso valora ese peso futuro como mayor que la descarga que le supondrá ese compartir el problema. Y nosotros, simples mortales reales, que no personajes ficticios, nos cuestionamos: ¿es cierto?; ¿es verdad que en ocasiones es mayor el peso posterior que el actual si nos damos a ehcar a la luz nuestras preocupaciones?; ¿en qué ocasiones, bajo qué circunstancias o con quiénes es preferible compartir qué problemas y no hacerlo con otros?

Creo que esto deberíamos responderlo entre todos. La duda está sembrada pero, repito, tal vez con varias luces aportadas por otras tantas personas, nos fuera más fácil entender cuándo y cómo compartir preocupaciones y cuándo guardarlas un poco más esperando a ver si pierden peso o agotan menos a nuestra cabeza. El ingrediente diferenciador de la persona elegida, por otro lado, sí creo que es más fácil de explicar. Tanto que incluso podría hacerlo yo: es evidente que de nada o -dicho de otro modo- a peor irá una situación si se la cuentas a una persona que se va a preocupar más y te llevará a ti mismo a darle más y más vueltas a la circunstancia dolorosa. Como ejemplo, las madres (algunas), quienes sí, te dan un abrazo, charlan contigo, etc. y eso te supone unos instantes de “mejor respiración”, pero al poco comienzan a ir más allá, hacer más preguntas, querer controlar tus respuestas o actuaciones ante ese problema… Y pueden acabar llevándolo a algo peor, enquistarlo aún más. Ya digo, es sólo un ejemplo (y muy abstracto, por cierto), pues -como decía- el trabajo os lo dejo a quienes leéis: ¿es positivo o no’? (y el resto de cuestiones antes planteadas).

¡Animaos y participad! Eso también ayuda.

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