Nadie sabe si siempre ha sido así. Nadie vive eternamente para traernos un testimonio real que nos muestre esa realidad sostenida en el tiempo. Pero algo sí es cierto. Esto sucede. Está sucediendo. (A algunos) nos está sucediendo.

Mujeres y hombres, hombres y mujeres. Todos mal-llevamos el paso del tiempo. Unas y unos más que otras y otros. Quienes siempre han gozado del favor del público, aquellas personas a quienes nunca les ha faltado alguien que les mire al entrar en una oficina, en un aula o en un bar, lo sufren más. El tiempo hace su camino, sin mirar atrás y sin preocuparse de los demás. Los cuerpos, a merced de la ley de la naturaleza y su pacto con el tiempo, van “debilitándose”, van perdiendo atractivo, van dejando de interesar al nivel que llegaron a ser admirados y demandados por la mayoría. Y más pronto que tarde llega la puntilla: otros rostros, otras caderas, otros escotes, otros hombros, otras bocas y labios, otras personas al fin, ocupan de repente esa atención. Las miradas se dirigen a ellas, antes, en primera instancia, y después vuelven a “nosotros”, pero sin la alarma de la atracción tan encendida, más bien acostumbrada, habituada a “nuestra” presencia, nuestra belleza, en fuga.

¿Qué ha ocurrido? No somos capaces de convivir con ello. El ser humano que ha despertado admiración, que ha sido seguido por miradas, aquel en que los ojos se detenían más tiempo del previsto, no consigue habituarse a esa creciente indiferencia. A ese cada vez más presente segundo plano. A esa usurpación de su poder. Un poder que ha residido en su físico, bello, lindo, juvenil. Y que se va perdiendo.

Sí, no sé, ni nadie puede atestigur si siempre fue así. Algo habrá. Pero, repito, ¿afirmarlo? Lo que sí parece cierto es que en este siglo XXI que va avanzando, para quienes dejamos de ser jóvenes al uso resulta insoportable esa pérdida de poder, esa desatracción en pos de otros y otras más tersos y atractivos. Continuamente a mi alrededor veo ese efecto: ¿cómo una mujer mira a otra con evaluadores ojos, con cierta envidia y comprende que su tiempo va pasando,que el relevo ya ha llegado, antes de que ella lo solicitase, antes de lo esperado, antes de temerlo del todo. Pequeña decepción y a seguir mostrando nuestra mejor parte. Pero la realidad se ha hecho patente.

Pues bien, todo esto (que en realidad es una pequeñez, o debería serlo si fuésemos realmente maduros y le concediéramos importancia especialmente a lo que la merece) ha sido resumido y mostrado por (Xoel) Deluxe en una sola canción. La motivadora de todas las palabras anteriores y, sin embargo, bastante más corta de escuchar (y comprender) que todo lo que lleváis leído hasta ahora.

Os acerco con ella, deseándoos que nos liberemos cada cual de ese yugo del vernos reflejados (y concederle demasiada importancia) en los ojos y opiniones de los demás. Más nos vale hacerlo cuanto antes, por nuestro bien.

Pero la despedida se encuentra algo más abajo, pues la casualidad alimenta este artículo. Releyendo un poema de Kavafis, me ha parecido oportuno incluírlo aquí. No guarda una relación exquisitamente directa, sin embargo sí que habla del cuerpo, del cuerpo que llama, atrae y excita a los demás, como de algo pasado, de algo que guarda un buen recuerdo. No llega a ligarlo con el pensamiento de la pérdida de ese atractivo en los ojos de los demás, pero es fácil hacerlo cada cual. Deleitense:

RECUERDA, CUERPO… (Konstantinos Kavafis)

Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto fuiste amado,

no solamente en qué hechos estuviste,

sino también aquellos deseos de ti

que viste brillar en otros ojos

y estremecer en otras voces, y que humillaron

los obstáculos vanos del destino.

Ahora que todo eso es el pasado

casi parece como si hubieras satisfecho

aquellos deseos – Cómo ardían,

recuerda, en los ojos que te contemplaban;

cómo temblaban por ti, en las voces, recuerda, cuerpo.

(La fortuna me hizo no especialmente atractivo; si yo algo sufro, ¡cuánto más no sufrirán esos seres que realmente han sido bellos y pierden su trono! Atentos, la vida no es sólo recompensa por sentir que atraemos a los demás, aunque guste).

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