El tiempo vuela. Las horas parecen cometas. Y los días… ¡”pa” qué hablar de ellos! No ha empezado uno y ya ha terminado el siguiente.

Sea por complicaciones que uno mismo va inventando; por ocupaciones o sugerencias saludables; por la cotidianeidad algo cansina del trabajo, el hogar, “lo básico”; o por todo lo contrario: lo extraordinario, que acaba dando sentido a cada segundo empleado, el caso es que pasan las horas que son días y al instante son… diré meses, porque no me llamen exagerado (¡¡años, coño, años!!).

El caso es… mi caso es, corrijo… Mi ejemplo aporta claridad al problema. Demasiado hacer y querer hacer, demasiado planear y esperar para más planear, demasiado “a ver si dejo descansar aunque sea el cuerpo” (lo de la cabeza…) y erre que erre y dale que dale. Al final, víctima de mi propia ansia por hacer y querer hacer; lo que decíamos. Y con todo ello no he podido más que descuidar esta bitácora, este proyecto. ¿El futuro? Los días, que son semanas que se convierten en años parecen caminar hacia una cada vez menor actividad por este lado internáutico y mayor por el flanco “real”. Ando enfrascado en proyectos de otra naturaleza (y los que irán llegando, espero) y más ocupado de lo normal con el “pretrabajo”, esas horas de crear previas a la labor que se ve.

Por todo esto no me atrevo a afirmar nada. Nada. Aunque sí a intentar el vaticinio de comentar que veo difícil que la actividad en estas “puntas con resaka” suba. Más bien al contrario. Eso sí, espero que tengáis noticias mías por otros senderos y que coincidamos en otras aventuras y encuentre vuestros ojos y atención es ésta mientras siga adelante. Sí, aunque con pausa, adelante.

Como diría Celentano mejor que yo…

¡Salud, música y diversión!

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