En su novela “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, Haruki Murakami deja en boca de su narrador estas palabras: “Podría decirse que las personas van cayendo en silencio, una tras otra, por el borde del mundo que me pertenece. Todas encaminan hacia allí sus pasos y, de repente, desaparecen”.

Como habréis leído y vuelto a leer lo marcado, hablamos un poco. Sí, el autor cae en una exageración, ese “todas” al inicio de la segunda oración suena a hipérbole; juega por tanto a llamar nuestra atención para reforzar su idea y encender nuestra luz de alarma, esa que tan anestesiada está en nuestra cabeza. Evidentemente, no todas las personas (espero y nadie me lo ha hecho saber así ni me lo ha parecido a mí) van desapareciendo de nuestras vidas. Pero sí es cierto, real, verdadero y comprobado que muchas personas dejan de “existir” tras haber tenido un cierto paso -a veces incluso importante en su momento- por nuestro día a día vital. Tuvieron su peso específico, siguió su caminar el tiempo, se produjeron cambios más o menos drásticos (cambios de colegio, de ciudad o pueblo, de gustos, de amistades, etc) y ese peso se fue liberando, hasta dejar de ser y, por tanto, perder importancia o presencia esa persona en nuestras vidas.

Y quien no lo vea claro, sólo tiene que pensar en algunos de aquellos (grandes o mejores) amigos de la infancia, el primer barrio, el instituto… o en las personas que llegan a ser amigos cercanos por hallarse trabajando con nosotros y que pasado un tiempo, ni ellos ni uno mismo pone demasiado interés en volver a ver. Excepciones hay; Murakami exagera; pero la realidad se impone, como el tiempo que la auxilia.

Y de postre, algo de música. Quien sepa la letra entenderá por qué nos acompaña hoy esta canción.

Sean felices, con quien sea y con quien toque a cada paso.

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