Pudiera entenderse como una plaga, pudiera ser fruto de la casualidad, pudiera tomarse como una moda (pasajera o no), pero lo cierto es que empiezan a rodearme niños, niñas, entiéndase “bebés”. Al anuncio de las bodas uno ya se ha ido haciendo, poco a poco y a base de repetir (aun cuando las barras libres se empeñen en no dejarme recordar demasiado), pero no esperaba que la pequeña plaga de embarazos, sus posteriores partos y las sonrisas bobaliconas finales que a todos nos decoran la tez aun sin pretenderlo ni darnos cuenta, fuese algo tan manido.

El caso es que cada cierto tiempo se están dando anuncios de este tipo entre amigos y amigas, familia y gente que me rodea o dan vida a mi entorno. Y la alegría se expande por esas vidas mientras esperan, alumbran y disfrutan a sus peques. ¿Quién nos iba a decir que la descendencia da más alegrías que las mascotas? (A corto plazo… casi cualquiera).

Sobrinos, “sobrinos lejanos”, hijos de amigos… todo va llegando. Y pronto, el mío. Así, de sopetón, a lo tonto, que se diría.

Y es lo que tiene la vida del ser humano (torpe de él / ella), que va pasando por épocas marcadas en nuestro subconsciente o arraigadas en nuestros implantes mentales heredados desde tiempos ancestrales y… (antes de irme del todo) y se produce lo habitual: pareja, niños…

Abrazos, Felicidades para todos los nuevos padres y las nuevas madres y… ¡C’est la vie!, ¿quién se atreve a pelear con ella, más vieja y espabilada?

 

Una de esas fotos que tanto gustan…

Bebé bostezador vale por “dor” (tomado de “http://www.bestbrandsco.net”)

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