El año pasado y este están siendo muy fructíferos para mí en cuanto a Literatura leída. Además, en muchos casos, he contado con la fortuna de encontrarme (gracias a recomendaciones, hallazgos y casualidades) con autores que me han resultado frescos y poco miedosos a la hora de construir historias y mostrarlas con sus opiniones propias y las crudezas de sus personajes. Incluso, en ocasiones, me he tropezado con pequeños “discursos” que retratan nuestra sociedad desde un punto de vista personal. Entre ellos, las palabras de Martin Amis que nos hacen visualizar alguna extraña ansia en el comportamiento del ser humano. Todo vuestro.

Todo está trastocado. Los viejos se esfuerzan por ser jóvenes, como han hecho siempre, y como todos hacemos, pues la juventud sigue siendo el modelo. Pero los jóvenes se esfuerzan ahora por ser viejos; ¿y qué supone esto? Guedejas grises, rostros resueltamente pálidos, pasos y gestos de lisiado, maquillajes de bruja de guiñol, muletas, collarines, soportes ortopédicos y luego lo siguiente. Empiezas a preocuparte por el aspecto que tienen tus hijos pequeños. Primero, te preocupas por el aspecto que tú tienes (te conviertes en un objetivo militar o en un póster de protesta), y luego, una vez realizado esto, empiezas a preocuparte por el aspecto que tienen tus hijos pequeños. Peinados imbéciles -púas lacadas-, una especie de efecto de escobilla color nogal. Combinaciones con magentas y marrones, trigo-y-colinabo-. Veo en el parque a un niño que empieza a andar con un pendiente en la oreja (agujereada), y a otro con un tatuaje (un pájaro cantor magullado). Hay bebés ataviados con pelucas y gafas y dentaduras de juguete. Llevados en sillas de ruedas.
Sé de sobra que el Imperio británico ya no es lo que era. Pero uno se pregunta: ¿qué aspecto tendrán los bebés de los bebés?

(“Campos de Londres”).

¿Quién se atreve a añadir algo más, a comentar estas líneas o desarmarlas? Es gratis y siempre es positivo abrir nuestra percepción con otros puntos de vista. ¡Anímense!

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