Acabó un nuevo año. Una fecha más. Y comienza otra “señal”.

Ha sido un tiempo productivo, pero quizá agotador, duro y de querer abarcar más de lo que uno (conociéndose, Aristóteles, conociéndose) puede llegar a asumir y realizar.

Para 2014… para dos mil catorce, tomar decisiones. Abandonar ciertas actividades en beneficio de otras. Elegir, muy difícil para mí. Anteponer algo a otro algo, o priorizar, que me dijeron hace poco. Palabras que, como digo, no son de las que al tratar de convertirlas en hechos se me dan bien.

El cambio debe producirse dentro de mí. Respirar, planificar, repensar, realizar, tener pausas y cambios a actividades no sólo distintas sino “saludables”, volver sobre lo que elegí querer o quise elegir y empezar de nuevo. Esto aplicado a cada “proyecto” ralentizará mucho cada uno de ellos, de ahí el priorizar, desistir de, o -ciertamente- abandonar algunos de ellos. Hasta otro momento quizá, sí, quizá sea más un “hasta luego” en algún caso que un “adiós”, pero mano agitándose en un puerto también será una imagen que se dará y ya planea en mi cabeza.

Lo siento por quienes añoren algo de mí en el futuro, quienes sientan que estos pasos hacia delante me separan de ellos, de ellas, pero para avanzar hay que soltar algo de peso y mirar hacia delante. Momentos para cuidar a la gente, mirar atrás y tener unas palabras siempre se hayan si uno quiere. Priorizando, sí, pero sin perder el  norte por estar a más que bien con “todo el mundo conocido”.

Cogeremos  algo más de altura, pues el vuelo promete momentos únicos.

Y, como en “amarga navidad”, que el cambio de año conlleve un cambio interior y una liberación hacia una realidad mejor.

Por un gran 2014.

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