“Tres necesidades acompañan al hombre hasta la tumba: mear, cagar y el deseo de venganza”.

Esto afirma Petros Markaris a través de sus personajes. Siendo indiscutibles las dos primeras, e incluyendo si se quiere la necesidad de beber y comer, podríamos hablar mucho más a cerca de la tercera afirmación y su veracidad.

¿Necesitamos vengarnos? ¿A qué nivel? ¿De qué afrentas, dolores, acciones, es decir, por qué motivos o cuáles son los más comunes?

Y no, no pretendo responder a ninguna de estas cuestiones ni tantas otras que podrían plantearse. Eso lo dejamos para investigadores, filósofos y “futboleros de los medios” (gente que opina por opinar y por modas, vientos y corrientes). Me limito a dejaros la afirmación del griego, preguntas y una esperanza:

Suponemos desde este lado de la casa, tras la empalizada de “las puntas con resaka”, que cada persona será un caso distinto, aunque -cómo no- casi todos muy unidos por maneras de actuar parecidas. Y podemos afirmar que cada cual vivirá la venganza, o la no-venganza, de una manera distinta. Dejando atrás a “los grandes monstruos” de este arte, como el Conde de Montecristo, creo que mayoritariamente la gente utiliza más bien venganzas semiinstantáneas, ¿no? Sí, esas de ahora mismo te la devuelvo, o espérame que voy. Lo contrario, las prácticas frías y calculadas propias de condeses con montes y cristos, hablaría bastante mal de nosotros.

De cualquier manera… y tras no arrojar luz sobre este gris y controvertido asunto…

Abrazos a quienes tenéis sed y bebéis de otras aguas nada vengativas.

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