¿Se tratará de un reflexión personal? ¿Más bien de una valoración de la experiencia de otros o de lo que haya visto a su alrededor el autor? ¿Será tan solo una manera de crear un personaje algo desarraigado del amor entendido como “pareja para toda la vida”? Todas estas dudas y muchas otras nos pueden asaltar al leer las siguientes líneas de la novela “Las manos del pianista“. Aproximen su atención a ellas, reléanlas y opinen o, al menos, párense a pensar en la razón por la que Eugenio Fuentes, escritor extremeño, usa este “encabezamiento” para acercarnos al personaje de Martín Ordiales en la nombrada obra. Con ustedes…

Vivía solo y si no se había unido hasta entonces a ninguna mujer no era porque le hubieran faltado candidatas y amantes dispuestas a darle a su relación un carácter más trascendente. Fue porque él se negó siempre a aceptar un compromiso en el que renunciar sería más frecuente que compartir. Pero nunca había considerado que ellas fueran las responsables de su falta de fe. Era él mismo, de algún modo incapacitado para el entusiasmo sin el cual todo juramento de eterno amor, eterna fidelidad y eterna compañía le parecía una falacia y una locura. Además, sabía que pedía mucho, que quizá pedía demasiado: la mujer que se ama no basta con que sea aquella de la que uno está seguro de que nunca te hará daño; es necesario también estar seguro de que es aquella que te hará feliz. De modo que, a los cuarenta y dos años, había creído que su corazón sólo era una víscera. Martín Ordiales ya no esperaba ninguna bienaventuranza.”

¿Será una excusa que buscan los solitarios, será cierto, será un truco para situar a un personaje? En vuestras manos dejo la respuesta, recordándoos que la vida es aún más rica que la literatura y, por esa razón, la segunda suele beber de la primera.

Salud y amor.

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