La psicología dice que los seres humanos capaces de posponer las recompensas en lugar de coger el premio en el mismo momento en que se nos da la primera oportunidad tienen más posibilidades de “triunfar” en la vida, o en el modo de vida actual, que te obliga a esperar para recibir los premios (académicos, laborales y demás). Esto está demostrado y, además, estoy seguro de que en algún momento os ha llegado algún video de esos de niños y niñas a los que les ponen un pastel y les dicen que esperen un cierto tiempo y les darán dos en lugar de uno y… Por tanto, supongo que sabéis de qué va esto.

En la vida normal (o social)  lo tenemos asumido (estudiar para obtener un título, para tener un mejor trabajo, etc. no, no os riáis, hubo un momento en que fue así), pero ¿qué pasa con el deporte de élite? Ahí eso no se lleva. Os lo mostraré.

Pongamos como ejemplo a un equipo que todos conoceréis de un deporte que, igualmente, a todos os sonará: FC Barcelona, fútbol.

Acaba una temporada y comienza otra, en el tiempo que sirve de intervalo casi lo primero que se hace es “devolver” al club a dos jugadores cedidos: Deulofeu y Rafinha. Se les transmite a ellos (y los medios de descomunicación también se jactan de ellos) que tendrán un rol importante, no transcendental, importante. Sigue adelante el verano con sus dimes y diretes. Pasan semanas, o algún que otro mes y… Gerard Deulofeu acaba de nuevo cedido, esta vez en el Sevilla. ¿Y Rafinha? El hispanobrasileño parece que comenzará el debut liguero en el once inicial ¿y algo más? Sí, os cuento. Rafinha Alcántara llegó en verano, sí, como Halilovic y tantos otros jóvenes. Pero también llegaron Luis Suárez o Rakitic, y en la plantilla ya estaban Neymar, Messi, Iniesta, Sergi Roberto, Pedro Rodríguez, etc. Todos jugadores que juegan en la demarcación en que puede jugar Rafinha. El problema: Luis Suárez, internacional uruguayo, viene a jugar y a golear (esperan); Neymar vino a jugar, a golear y a ser “el mejor jugador del mundo” (esperaban algunos); Messi juega cojo y con sarampión, porque aquí manda él; Rakitic es un jugador ya contrastado e Iniesta, mucho más. ¿Puede y quiere alguien decirme cuántos minutos va a jugar Rafinha esta temporada? ¿Os respondo yo? Con suerte llegará a ocho o diez partidos completos. ¿Para eso lo repescan? ¿No sería mejor haberlo dejado algún año más en otro club como cedido? ¿No será que en realidad no creen que sea tan bueno como nos quieren hacer creer?

Y lo más importante, ¿cómo conecta esto con el cortoplacismo deportivo institucional? Sencillo, ya lo sabéis seguro. Yo manejo un club, un club con solera, con prestigio internacional. ¿Puedo permitirme “malgastar” tiempo en esperar resultados positivos? Claro que no. ¿Qué hago entonces? Intentar “comprar” los resultados, es decir, tratar de apostar por lo seguro. ¿Y qué es lo seguro formar jugadores o traerlos formados? Evidentemente, fichar presente. Como algunos de ustedes sabrán, este hecho se ha venido acusando más y más en el club que nos ha servido de ejemplo desde la marcha de un entrenador que fue formado en la cantera. Tal vez les suene: Josep Guardiola. Desde que apareciesen en la escena jugadores como S. Busquets, Pedro R. (ya nombrado), Tello y alguno más, ningún otro jugador de “La Masia” ha tenido repercusión o continuidad en el equipo. ¿Bartra, Montoya..? No, ninguno; nadie los ha visto maduros, ni les ha dado la oportunidad de madurar.

Lo más grave, no, grave no. Lo más interesante o curioso es que “readmiten” algunos jóvenes (o los prometen que serán importantes temporada tras temporada) pero en cuanto tienen oportunidad fichan o intentan fichar “jugadores de tiempo presente” en las mismas posiciones que ellos ocuparían. Ahora en Barcelona se habla de Douglas (lateral, como Montoya), de Reus (jugador ofensivo, como Rafinha, por ejemplo) o se hann realizado desembolsos importantes por defensas como Mathieu o Vermaelen, que actuarán en detrimento de la evolución de Marc Bartra. Al menos debería primar la seriedad o sinceridad hacia los jugadores jóvenes.

Pero, ¿entonces el supuesto psicológico que nos venden no sirve? Sí, ya dijimos que está demostrado. Sin embargo, el mundo del deporte, o el fútbol de manera más clara en nuestro país, vive ajeno a él. Millones despilfarrados en traspasos y sueldos de jugadores y técnicos. (Dinero que “no es de nadie”, por cierto). Dinero para ganar la partida al tiempo, a la maduración de la fruta, al rival, a… todo, a todos y a toda costa. ¿Qué futuro les espera a los jugadores jóvenes en los equipos de élite de cada liga? Suponemos que calentar banquillo (la peor opción, casi seguro) o salir a otros clubes que puedan brindarles oportunidades. Y si les va muy muy muy bien, volver a su equipo vernáculo, de referencia, y triunfar. Aunque de estos casos no recuerdo ninguno.

Sólo aclarar que en todo el artículo yo no he afirmado que ninguno de los canteranos barcelonistas que aparecen sean realmente del nivel que necesita el FCB en estos momentos; al menos en tiempo presente. Tal vez si los dejaran madurar en su propio club u otro…

 

Salud y paciencia.

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