Érase un hombre pegado a una gran naranja.

Érase un ansia de correr, saltar y mirar

al más allá, al compañero, al anillo.

Éranse un tablero y una red que se aparecían

en sueños y en disputas al sol y las estrellas.

Érase un duelo personal, una amistad en sudor,

un compañerismo en la sangre.

Una pelota, un balón, una idea.

Todo ello érase.

(O como volver y volver a las canchas dicho de otro modo).

“¡Porque la vida puede ser…!”

I LOVE THIS GAME… Mira, escucha y entiéndeme:

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