¿Cómo se hace viral un niño defendido por flores?

Desde hace unos días se ha extendido por la red y por los informativos televisivos el vídeo de un niño y su padre charlando a cerca de los atentados y la respuesta a éstos. A la mayoría ha enternecido ver la sonrisa del pequeño cuando su padre le asegura que ante las armas nos defenderíamos con rosas. Emotivo, sí.

Sin embargo la cuestión es por qué se llega a desplegar este videoclip, qué impulsa el movimiento de esas alas de querer verlo y compartirlo.

En primer lugar es algo simple. Sí, muy simple. Es un mensaje corto, una diminuta conversación entre padre e hijo, quien no parece entender por qué ni de dónde proceden esos ataques.

En segundo lugar… ¡Coño, es un niño! ¿Qué hay más tierno que uno de nuestros infantes mostrando preocupación y tímida sonrisa animada después? Los niños (y las niñas, cuidado, venden, como los cachorros; ejemplo: anuncio papel higiénico). Además, atención, es un niño de una etnia no propiamente europea (al menos hasta hace poco), con lo que nos muestra lo supuestamente abierta, plural y cosmopolita que es nuestra sociedad. Aquí se me escapa una sonrisa ladeada y una mirada de cínica incredulidad.

Pero lo más importante y que aparece en este tercer punto es que deja muy claro que nosotros, occidentales “civilizados” somos los buenos y ellos (los otros) son los malos. Sencillo y directo; para niños y niñas; para ancianos y ancianas. Y ante todo impulso para cualquiera que quiera meterse ahora en la vorágine del patriotismo despechado y sin capacidad crítica que nuestros gobernantes quieren, promocionan y necesitan. Porque que “ellos” hayan atacado a inocentes (gente pacífica y que no tiene una relación directa con sus problemas), no significa que nuestra sociedad occidental tenga más allá de sus fronteras un comportamiento inocente.

Hablemos con un poco más de detalle de las causas de estos actos terroristas…

Sin embargo, ¿para qué preguntarnos de qué viene todo esto? ¿Para qué cuestionarnos qué hacen tropas accidentales en tierras extrañas para ellas? ¿Para qué un interrogante sobre el papel de nuestros gobiernos sosteniendo guerras, actuaciones bélicas o “reconstrucciones” de países de otras latitudes como manera de enriquecer y asegurar el negocio a empresas privadas también occidentales? Es más cómodo sentarnos en nuestros sofás o sillones y sentirnos inocentes como personas y como pueblo. Sin embargo, ahí puede estar parte de la respuesta a todo, población (soldados), fondos y dinero, armamento, etc. todo pagado por todos, por los ciudadanos para actuaciones de las que casi ni se nos informa y cuando lo hacen es de un modo totalmente opaco para que, parece ser, algunas internacionales (energéticas o de infraestructuras) engrosen sus beneficios y controlen los mercados. Eso casi nadie se atreverá a decirlo porque, como poco, lo tacharán de mentiroso y de antipatriota. Como poco, sí, ya lo veréis.

Por cierto, este mismo vídeo viral del pequeño francés con su padre podría tener su clon en los medios del país que poco después recibió la contestación de los aviones franceses en forma de bombardeo, ¿o es que al presentárnoslos como nuestros enemigos no sentiremos la misma empatía por ellos? ¿O quizá fue un bombardeo de flores?

Vayamos más allá, dejemos el cinismo y preguntémonos de dónde procede su odio, por qué nos atacan indiscriminadamente. Tal vez así logremos entender algo más y no permitir a nuestros gobernantes occidentales ciertas actuaciones que nos traen estas consecuencias. Entre quienes dirigen este “cotarro” sí que es evidente que no hay buenos y malos, todos al segundo saco. A unos nos hacen creer que somos completamente inocentes porque ningún mal hacemos a nadie (individualmente, claro); a otros -por medio de la religión como punto de diferenciación entre ellos y nosotros- se les convence de que somos la única razón de su desdicha o incluso pobreza. No, ya no quedan inocentes. Esta guerra es por intereses económicos y por el poder, como todas, aunque nos la vistan con el vestido de (extender y proteger) la sociedad avanzada o del velo religioso, respectivamente.

Música, paz, amor y “Mandarinas”.

P.D.: Sí, sé que me he metido en un berenjenal, pero no soportaba ya estar callado ante tanta información desinformadora y velada en los medios y tanta subjetividad en busca de un falso patriotismo.

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