No hace tantos años. No tanto, no. Entonces nos decían que no se podían colocar constantemente mesas para que el pueblo eligiese, no se podían celebrar referendos para que la gente diera rienda suelta a su opinión y a sus elecciones y por tanto decisiones que debían asumir los gobiernos de cada momento. Fue en aquellos tiempos llamados quiméricos en que la gente tomó las calles para manifestarse en paz y criticar la alianza del poder político con el poder económico y cómo todo ello revertía en nefastas medidas anticrisis que rompían la vida de los ciudadanos al dejarlos indefensos ante la realidad económica real: mucho paro y pocas oportunidades de tener un sueldo que llevar a casa.

Entonces cuando el movimiento 15M y muchas otras personas abogábamos por referendos en que la ciudadanía no solo tuviese voz, sino también voto y, por tanto, capacidad de decisión ante temas que se consideraban clave, los políticos (quizá por el miedo de verse mermados en su papel o -más creíble- por el de estar maniatados en su relación futura con el poder económico) se hartaban de declarar que era imposible e inviable consultar cada poco al pueblo para decidir, ya que ellos en su enorme sabiduría y auspiciados por los votos que lograban reunir, serían quienes decidiesen el futuro de su país (que también es el nuestro; no lo olvidemos).

En un futuro cercano iremos a votar para elegir un presidente del gobierno. No se han cumplido aproximadamente cuatro años. Ni siquiera (creo) ha corrido uno completo desde la última vez. Y nadie parece acordarse de que, ya que debemos ir a emitir nuestro voto (que no siempre confianza) por un partido o candidato, podríamos dar voz a nuestras sensibilidades y probablemente solución a algunos de los retos futuros del siguiente des-gobierno.

De manera rápida se me ocurre que podríamos aprovechar para dar nuestra opinión sobre temas como:

  • ¿nos sentimos parte de este país? ¿nos gustaría seguir siendo parte del mismo? ¿permitiríamos a otras regiones independizarse y seguir un camino alternativo sin pertenecer a nuestro país actual?
  • ¿preferimos que se siga invirtiendo en infraestructuras o damos preferencia a que las infraestructuras ya existentes se llenen de trabajadores/as que den un servicio a los ciudadanos?
  • ¿cómo revisamos periódicamente las pensiones? ¿qué tomamos como índice de referencia?
  • ¿mantenemos el proteccionismo legal sobre algunos cargos públicos (aforamientos) o no?
  • ¿introducimos cambios en la ley hipotecaria para que sea menos abusiva para el consumidor o ciudadano?
  • Y todas aquellas que se nos ocurriesen.

Quizá sean demasiadas cuestiones. Quizá nuestra clase política nunca llevaría a votación varias de ellas. Quizá tenemos lo que nos merecemos. Pero de lo que no hay duda es de que se podría aprovechar esta enésima ocasión como una oportunidad (que nos brindan nuestros grandes negociadores políticos gracias a su incapacidad para llegar a acuerdos de gobierno) para hacer oír la voz del pueblo, mostrar nuestras ideas y sensibilidades y construir una base de futuro en común sobra la que asentarnos y convivir.

Si entre todos elegimos algo, todos seremos responsables de ello y cualquier persona en el poder asumiría dichas decisiones.

Solo partiendo de lo imposible se llega a cambiar mínimamente la realidad. Palabras para los que me tachen de soñador.