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No hace tantos años. No tanto, no. Entonces nos decían que no se podían colocar constantemente mesas para que el pueblo eligiese, no se podían celebrar referendos para que la gente diera rienda suelta a su opinión y a sus elecciones y por tanto decisiones que debían asumir los gobiernos de cada momento. Fue en aquellos tiempos llamados quiméricos en que la gente tomó las calles para manifestarse en paz y criticar la alianza del poder político con el poder económico y cómo todo ello revertía en nefastas medidas anticrisis que rompían la vida de los ciudadanos al dejarlos indefensos ante la realidad económica real: mucho paro y pocas oportunidades de tener un sueldo que llevar a casa.

Entonces cuando el movimiento 15M y muchas otras personas abogábamos por referendos en que la ciudadanía no solo tuviese voz, sino también voto y, por tanto, capacidad de decisión ante temas que se consideraban clave, los políticos (quizá por el miedo de verse mermados en su papel o -más creíble- por el de estar maniatados en su relación futura con el poder económico) se hartaban de declarar que era imposible e inviable consultar cada poco al pueblo para decidir, ya que ellos en su enorme sabiduría y auspiciados por los votos que lograban reunir, serían quienes decidiesen el futuro de su país (que también es el nuestro; no lo olvidemos).

En un futuro cercano iremos a votar para elegir un presidente del gobierno. No se han cumplido aproximadamente cuatro años. Ni siquiera (creo) ha corrido uno completo desde la última vez. Y nadie parece acordarse de que, ya que debemos ir a emitir nuestro voto (que no siempre confianza) por un partido o candidato, podríamos dar voz a nuestras sensibilidades y probablemente solución a algunos de los retos futuros del siguiente des-gobierno. Lee el resto de esta entrada »

Hoy, y tras mucho tiempo sin compartir reflexiones propias ni ajenas por este canal, quiero dejaros algo. Se trata de un pensamiento de Marta, personaje de la novela “Si mañana muero” de Eugenio Fuentes. Y es éste:

Ella misma no había perdido la fe en las ideas socialistas, pero había deducido que ser revolucionaria ya no consistía en seguir luchando ingenuamente por las utopías, sino en aceptar que las utopías no se realizarían nunca, que el ser humano estaba genéticamente incapacitado para alcanzarlas y que, por tanto, lo verdaderamente revolucionario era conformarse con establecer la dignidad, el bienestar y la justicia en las pequeñas parcelas de la vida cotidiana y entre las personas que la rodeaban.”

 

Mi parte la dejo aquí, a continuación. Como bien sabemos en España, dentro de poco más de una semana nos toca votar para elegir nuevo presidente y gobierno. Es evidente que las distintas opciones no acaban de convencer completamente, ni siquiera aquellas que vinieron a aportar un aire nuevo. Sin embargo, Lee el resto de esta entrada »

Como afirma Luciano Canfora: la democracia ha muerto. Hay algo tangible y determinado por encima de las elecciones de los pueblos que tomar las verdaderas decisiones. Así responde este autor a la pregunta “¿entonces en qué sistema vivimos?” y así lo sentimos muchos desde hace ya algún tiempo.

No, no es una buena noticia, más bien sólo una constatación de lo que se intuye en el día a día, en las noticias o de lo que se comenta en la calle.

Podríamos gritar “El rey ha muerto, ¡viva el rey!”, pero este nuevo gobernador es más caprichoso, más duro con sus súbditos y mucho más despiadado. Quizá habría que dejar de gritar y empezar a cambiar (algo).

No hay necesidad de repetir ni parafrasear, Antonio Galván González lo explica perfectamente y aprovecho para ahorrarme mis palabras.

Sólo, y para que sepáis de qué hablo, deciros que este enlace trata de los móviles, de sus posibilidades (mucho más allá de la comunicación a distancia) y de cómo pueden esclavizarnos o -como ya muchas voces afirman- incluso aislarnos.

Disfruten con su lectura: artículo de opinión “Siempre Conectados.

Bueno, un hombre puede cambiar un código por otro, pero no puede eliminar el hábito de la obediencia, ¿sabes?” (Ken Follet en “Papel Moneda“).

Esta frase ha sido rescatada de una conversación entre un empleado de banca que ha ordenado un cheque millonario sin fondos y un amigo. Quien delinque, el primero, intenta explicarle al segundo que sabía que no debía hacerlo, que sabía que era negativo, ilegal e incluso peligroso. Sin embargo, su hábito de obedecer al superior (en este caso su director de banco), le ha llevado a realizar esa acción. Una acción que podría costarle muy caro: su empleo como poco.

Y la pregunta es: ¿realmente somos así?; ¿aceptamos normalmente las órdenes porque nuestra educaicón nos empuja a ello?; ¿cuándo nos rebelamos ante ellas? Lee el resto de esta entrada »

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